Todo el mundo sabe, si bien no todos sabemos explicar el por qué, que cuando alguien bosteza delante de nosotros, al instante somos nosotros los que estamos bostezando, y como si se tratara de una cadena, automáticamente, si alguien nos ha visto bostezando a nosotros, será el siguiente en bostezar. Y esa cadena no hay quien la pare, y anda por ahí dando vueltas por el mundo.
Yo, inocente de mi, siempre he pensado que eso mismo pasa con la sonrisa. ¿Se han dado cuenta?. Fíjense. Cuando nosotros tenemos un mal día, un día de esos en los que ni siquiera nos aguantamos a nosotros mismos, y vemos a alguien sonreir, automáticamente cambia nuestro día y nos relajamos, e incluso sonreimos ejerciendo el mismo efecto en aquel que nos ve hacerlo. Sin embargo, ¿se han dado cuenta ustedes?, la gente, ahora, sonríe menos.
Yo, al principio estuve reflexionando sobre ello. Pensé que esto sería por el avance tecnológico y por lo superficial que lo convierte todo, si, en serio. Pensé que la gente se esforzaba en sonreir menos, porque ahora tecnológicamente hablando, se nos permite copiar y pegar, incluso sonrisas; se nos permite deshacer y rehacer, incluso sonrisas; y se puede incluso hacer fotos y borrar al instante si la sonrisa captada no es la deseada. Luego quise “escarbar” un poco más, y me di cuenta que no era todo tecnológico, que la gente tenía otras preocupaciones que les hacían no poder sonreir. Pensé que entre estos factores estarían:
- El 11M y todo cuanto en él ocurrió. Y todo lo que se sabe. Y todo lo que aun no se sabe. Y todo lo que nos han contado. Y todo lo que nos ocultan. Y todo lo que se ha investigado. Y todo lo que se ha falsificado.
- La rendición del Estado Democrático y de Derecho ante la pistola y la goma2.
- Y el problema inmigratorio. Tanto la llegada de inmigrantes ilegales, como el tratamiento que se les dispensa, y la forma tan “especial” de “resolver” la situación que tiene el gobierno.
- El gobierno de nuevos ricos, donde los medios públicos quedan a disposición de unos vivis que los utilizan para sus caprichos personales.
- Que en pleno 2006, estemos desenterrando muertos, muertos de una guerra que acabó en 1939, y dónde había dos bandos, y en ambos hubo víctimas y no solo en uno como piensa el gobierno y buena parte de los extras que le ayudan a gobernar.
- Pensaba que la población sonreía menos porque España dejó de ser un país para ser una Nación de naciones.
- O tal vez dejaron de sonreir porque los bosques se secan y es más fácil que ardan en verano, y porque los pantanos se van quedando sin agua, mientras el gobierno la solución que da es que gastemos menos agua. Pensé que la gente no sonreiría por este motivo, porque para no mal gastar el agua, no hace falta que haya una ministra con nómina, para dar esos consejos valemos todos.
- Y tantos otros motivos “menores”, como tener que llevar Kely finder, no poder subirse con dignidad a un avión en el Prat, no poder decir que se escucha la COPE, no poder ejercer de Cristiano, no poder ir a Cataluña si presumes de ser del PP, o que te llamen “extremista de derechas” si dices “Viva España”.
Pero la gente en realidad, tampoco sonríe menos por todo esto, o al menos eso piensan ellos inocentes. La gente cree sonreir menos porque tiene que pagar una hipoteca a muy largo plazo o porque tiene que mantener su nivel de vida mientras sus sueldos prácticamente se han quedado estancados. ¿Se han fijado? hace apenas cuatro años, nos tomábamos una caña por 90 pesetas, y hoy es raro que baje de 1,20 euros que serían 200 añoradas pesetas. Es normal que la gente sonría menos por estos motivos, pero en realidad, sin ellos ser conscientes de ello e indirectamente, sonríen menos por el resto de motivos.
Mucha de esa gente perdió su sonrisa por un “pásalo” una tarde noche de sábado, allá por 2004, y ahora se escudan en una hipoteca para no volver a recuperarla. Quizá los hombres grises del gobierno deberían rendir cuentas de dónde están estas sonrisas capturadas. Quizá estos hombres grises del gobierno, se sientan seguros mientras tengan a buen recaudo estas sonrisas perdidas, quizá piensen que las tienen todas en su poder. Los veo bostezando en sus escaños, queriendo que el pueblo que votando con un móvil los colocó ahí, se contagie de sus bostezos, como ya han hecho muchos medios de comunicación. Quizá haya por ahí una sonrisa que nos pueda contagiar al resto, y liberar tantas cautivas. Vaya en estas palabras la sonrisa de Winston, por si alguien hoy tiene un mal día, y mi sonrisa le ayuda a cambiarlo, y a empezar una cadena que acabe con estos bostezos.
Escrito por Winston Smith